Casas de Caballeros del Caos – Iconoclastas

Los Iconoclastas son el anatema de las Nobles Casas del Questor Imperialis. La mayoría procede de los aciagos días de la Herejía, víctimas de su propio código de honor. Un Caballero es ante todo un defensor, sirve a un bien mayor durante toda una vida de sacrificio en la que cada minuto está dedicado a la guerra y a mantener los feudos y tradiciones de sus ancestros. A pesar de todo su poder, o precisamente a causa de éste, a menudo se pliegan a la voluntad de un líder digno que se muestre capaz de guiarles y dirigir su inconmensurable capacidad bélica al servicio de la Humanidad. Por desgracia hubo una época en que ese líder fue la mano derecha del Emperador, y cuando Horus se convirtió en el Architraidor medio Imperio permaneció fiel a él. Sin embargo, ha habido otros casos en los que los Caballeros han caído en desgracia posteriormente.

Ahora estas Casas se dedican a su propio interés. Lideran con puño de hierro sobre aquellos a los que una vez gobernaron con rectitud y lanzan sus campañas de terror para ampliar sus imperios particulares. Los más fuertes, depravados e inmisericordes son elegidos reyes, mientras que los débiles e indignos son castigados. Sus tradiciones y tácticas de combate han sido olvidadas hace largo tiempo, y lo único que queda es una ambición demencial por imponer su superioridad aplastando enemigos en cuerpo a cuerpo, pues son maestros en ese terreno tanto al cargar como al reaccionar al asalto enemigo y no hay blindaje que se les resista. En muchas ocasiones llegan desdeñar el uso de sus armas cuerpo a cuerpo, prefiriendo el sonido de huesos y metal aplastados bajo sus pisadas. Además, su reputación supera incluso el pavor que causan las legiones de Marines Espaciales del Caos, lo que provoca huidas en masa tan pronto como estos colosos quiebran las líneas enemigas con sus embestidas.

A pesar de todo su salvajismo, sus habilidades marciales siguen siendo tan mortíferas como en el primer día, por lo que los Iconoclastas son tan capaces de segar infantería y aplastar vehículos como lo son de aniquilarlos a distancia con su potencia de fuego. Antes de la batalla muchos recitan a voz en grito sus votos, una sombra distorsionada de sus antiguas costumbres de caballería, jurando cometer los actos más atroces, no detenerse ante nada o alzarse sobre sus degenerados congéneres como aquel que aniquilará a los mejores de entre sus enemigos. Que el destino ayude a todo aquel que se tome a la ligera los juramentos de los Iconoclastas.

Iconoclastas


LUCARIS

“Ataca Primero. Ataca sin Cesar”
Escudo de Armas: serpiente rampante de gules

Los Lucaris son el ejemplo de lo que aconteció a muchas otras Casas durante la hora más oscura de la Humanidad. La legión de marines espaciales de los Lobos Lunares les descubrió en el planeta Morda Prime durante la Gran Cruzada, en el centro de lo que sería el Segmentum Tempestus, y pronto los Caballeros descubrieron en su primarca un reflejo de sus propios valores de virtud a través de la fuerza y piedad a través de la dominación. Se convirtieron en fieles aliados de la legión de Horus, quien se ganó su confianza gracias a su genio táctico, y durante siglos acudieron a sus llamadas para aplastar a todo aquel que se opusiera a su justa voluntad hasta el punto de seguirle sin dudar en su caída en el Caos.

Cuando Horus murió, los Lucaris juraron venganza contra su asesino y contra la legión que falló en cumplir su voluntad y abandonó miserablemente su cadáver. Así, separados de la Legión Negra, iniciaron su propio camino como castigadores de todo aquel que honrara la memoria del Emperador. Sus estirpes se escindieron formando partidas de saqueadores dedicadas a reclamar los mundos del Imperio y establecer sus propios reinados. A menudo sus líderes ordenan atacar los puertos espaciales y sus naves en primer lugar, sólo para evitar que las poblaciones sean evacuadas antes de que puedan pisotearlas, mientras que los coros astropáticos y sistemas de comunicaciones son dejados intactos para que sistemas enteros puedan oír las peticiones de auxilio de sus víctimas, con suerte atrayendo a más refuerzos Imperiales a la masacre.

Recientes informes afirman haber visto a los Caballeros Lucaris marchando junto a la Legión Negra una vez más. Se desconoce si han llegado a alguna clase de pacto tras milenios de enemistad, si simplemente se aprovechan de la actual situación de debilidad del Imperio o si han encontrado a un nuevo líder en la figura del propio Abaddon, pensamientos que la mayoría prefiere no considerar siquiera.

Los Lucaris se jactan de acabar con sus oponentes sin darles oportunidad alguna de respuesta. Cuando se enzarzan en combate cuerpo a cuerpo demuestran sus superiores habilidades de armas, lo que se traduce en una mayor probabilidad de impactar con sus ataques que puede compensar los daños sufridos o, directamente, convertir unos ataques habitualmente certeros en casi infalibles.


HERPETRAX
“No Nos Inclinamos ante Nadie”
Escudo de Armas: serpiente rampante coronada de sable

La historia de la Casa Herpetrax es extraña donde las haya. Situado cerca del límite entre el Segmentum Ultima y el Segmentum Tempestus, el planeta Jedathra no fue descubierto hasta el milenio 36, oculto a los ojos de todos en un vórtice de tormentas disformes. Con la euforia del descubrimiento de un nuevo mundo-caballero que anexionar al Imperio, emisarios de la misma Terra fueron enviados para establecer contacto con sus dirigentes e informarles de su nueva situación, pero la respuesta recibida fue mucho menos esperanzadora. Lo que regresó a Terra fueron las pieles desolladas de los embajadores, en las cuales los Herpetrax habían grabado una contundente y no menos elaborada negativa a someterse a los designios de ningún Imperio.

Según se discierne de sus macabras misivas, Jedathra había recibido varios visitantes a lo largo de sus milenios de encalustramiento, todos ellos proclamando ser el Emperador de la Humanidad y todos ellos pretendiendo la obediencia de sus Caballeros. Ninguno probó ser digno del mando de su Casa. Los Herpetrax habían protegido su mundo de los horrores de la Larga Noche sin ayuda de nadie, una generación tras otra habían sido soberanos y luchado por mantener dicha soberanía como para que ningún extranjero llegara a reclamar lo que era suyo, y mucho menos emisarios que decían ir en nombre de un cadáver entronado. No sólo hicieron saber de su repulsa, sino que declararon que aquella débil Humanidad se inclinaría a sus pies o sería exterminada.

Declarada Iconoclasta, la Casa Herpetrax fue inmediatamente señalada como objetivo del martillo del Astra Militarum. Jedathra fue sometido a intensos bombardeos orbitales y a la ocupación de vastos regimientos de la guardia imperial, pero no sólo los Caballeros resultaron ser indómitos e intratables máquinas de matar en combate, sino que las fuerzas imperiales fueron víctimas de toda clase de sucesos. Los vórtices disformes volvieron a rodear el planeta diezmando a la armada, mientras que mutaciones masivas se extendieron por la soldadesca como una epidemia. El último comunicado conservado de aquella campaña es la voz de Cherris Draik, la misma comerciante independiente que redescubrió Jedathra, advirtiendo de otro horrible descubrimiento: los Herpetrax no habían sobrevivido a la Larga Noche con rectitud y honor, sino que hacía milenios que habían estado practicando artes blasfemas y rituales heréticos.

Un siglo después de la fracasada campaña, los Herpetrax empezaron a ser avistados atacando varios mundos Imperiales. Ahora saben que hay millares de mundos a su alrededor por los que expandir sus dominios. La Humanidad a la que una vez pertenecieron es débil e indigna de reclamarlos, y ellos no se inclinan ante nadie.

El objetivo de esta casa es demostrar su superioridad tanto a sus congéneres como a un débil Imperio, por lo que refuerzan constantemente sus armaduras haciéndolas más resistentes que casi cualquier otra de su clase.


KHYMERE

“El Camino a la Victoria se Encuentra entre las Llamas”
Escudo de Armas: quimera de sable con fauces llameantes

Posiblemente uno de los episodios más tristes de las Casas Caídas sea el de los Caballeros de la Casa Khymere. Despertar de Surtr, en el Segmentum Ultima, fue un mundo completamente devoto al Emperador. Su superficie estaba salpicada de estatuas y monumentos megalíticos ante los cuales sus habitantes dedicaban varias horas al día a rezar por el Señor de la Humanidad. Incluso durante la Herejía de Hours, los Khymere se mantuvieron del lado de la luz y mantuvieron el orden en sus sistemas vecinos, siempre acudiendo a las  llamadas de socorro para alzarse como un muro ante toda clase de enemigos.

Cuando la Cicatrix Maledictum desgarró el universo, los Khymere estaban entre los horrores vomitados al espacio real como una oleada de máquinas retorcidas y enajenadas que sólo extendían la destrucción a su paso. Nadie sabía qué había ocurrido con aquellos Caballeros, otrora ejemplos de nobleza, pero era evidente que su caída les había llevado más allá de cualquier redención posible. Con gran pesar, se declaró a su Casa excomulgada del amparo del Imperio y su mundo natal, ahora envuelto por la Gran Fisura, marcado como objetivo de la Cruzada Indomitus. Cuando los Ultramarines y Cicatrices Blancas desembarcaron en su mundo para hacerles llegar su justo castigo, se encontraron con que allí los Khymere parecían completamente libres de mácula; de hecho se negaron a alzar sus armas contra los ángeles de muerte del Emperador. Éstos no se dejaron engañar e iniciaron su campaña punitiva igualmente. Aun así, los Caballeros de Despertar de Surtr prefirieron retirarse antes que hacer la guerra con aquellos que consideraban sus aliados; embarcaron en su flota y abandonaron su propio mundo, forzados a adentrarse en la Cicatrix Maledictum donde desaparecieron para no volver a ser vistos.

Pocos saben la verdad de aquellos hechos, menos llegaron a entenderla y de éstos sólo unos pocos la recuerdan entre destellos de locura extrema. Tal es el caso de Brynhild, una dama Khymere que estaba presente en Despertar de Surtr para ver llegar a los marines espaciales enarbolando sus estandartes de guerra. Decían estar allí para hacer cumplir la sentencia declarada contra su Casa por sus atrocidades, pero ellos no tenían conocimiento alguno de los hechos de los que se les había declarado culpables. Sus votos ancestrales les obligaban a proteger su planeta y a todo el que lo necesitara, pero su juramento al Emperador les impedía combatir contra sus propios guerreros. Sospechando que habían sido víctimas de algún elaborado complot, los Khymere decidieron retirarse para ganar tiempo y deshacer tan horrible entuerto, pues no reclamarían vidas humanas sin sentido. Cuando sus naves abandonaron la órbita de Despertar de Surtr, la disformidad las envolvió como una cosa viva y los Caballeros se vieron atrapados en una dimensión de pesadilla durante siglos, forzados a repeler hordas de criaturas demoníacas que no sólo acometían contra sus armaduras, sino que atacaban sus mismas mentes y a los ecos espirituales de sus Tronos Mechanicum. El resentimiento fue ganando terreno poco a poco en la moral de los Khymere, expulsados de su hogar y condenados a una eternidad de guerra y sufrimiento por los mismos a los que habían protegido una y otra vez. Allí, en la realidad distorsionada del Inmaterium, sus monturas empezaron a cambiar, a retorcerse y exhibir de forma física el rencor que devoraba el alma de sus nobles pilotos. Cuando Brynhild y los suyos fueron al fin liberados, ya no eran ni una sombra de sus anteriores formas. Sus armaduras estaban retorcidas y mutadas, pero su odio por el Imperio que les había traicionado seguía ardiendo como una pica al rojo vivo clavada en sus mentes.

Sólo durante un instante, antes de abandonarse a la locura, Brynhild comprendió que habían reaparecido en el espacio real varios años atrás. Ellos mismos eran los Caballeros Khymere que habían surgido de la Cicatrix Maledictum, una oleada de máquinas retorcidas y enajenadas que sólo extendían la destrucción a su paso, provocando el castigo del Imperio sobre su planeta y forzándoles a rehuir el combate para ser abducidos por el reino de pesadilla que los convertiría en los artífices de su propia sentencia. Tal es la naturaleza de la disformidad y ni siquiera de los Caballeros Imperiales se puede esperar resistencia contra su verdad, pues comprenderla es caer mucho más allá del alcance de toda cordura.

Esta Casa fue una vez un ejemplo de gallardía y nobleza y daba especial importancia a la pericia con las armas del Caballero ya fueran espadas, cuchillas o guanteletes. A pesar de haber caído en los pozos de la locura y el rencor, sus habilidades marciales han sobrevivido y aún son grandes expertos en el manejo de dichas armas, con las que pueden imponerse a la mayoría de sus rivales.

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