Caballeros del Caos

Los Caballeros del Caos son todo lo opuesto a los Caballeros Imperiales: individuos egocéntricos y sanguinarios que no dudan en aplastar bajo sus pasos a todo aquel que se les oponga por la sencilla razón de que tienen el poder de hacerlo y rara vez encuentran a quien se atreva a oponerse a ellos. Si bien ya hubo un aperitivo de su poder a través de warhammer-comunity y su Index Caballeros Renegados, el Codex Caballeros del Caos  aporta toda la información necesaria para sumergirse en el torturado mundo de tiranía y destrucción de estos nobles caídos.

Historia

Trono MechanicumEl Trono Mechanicum de cada Caballero Imperial no es sólo un interfaz mediante el cual cada Noble puede pilotar su armadura como una extensión de su propio cuerpo, sino que sirve como canal para inducir en éste sentimientos de honor y responsabilidad, un seguro mantenido durante milenios para evitar que aquellos que caminan como gigantes terminen convirtiéndose en déspotas y tiranos abusando de la superioridad casi divina que las armaduras de Caballero les confieren por encima de las gentes corrientes. Además, parte de la conciencia de cada piloto que ha ocupado este dispositivo permanece en él aún tras su muerte como ecos espectrales que su actual ocupante puede percibir; un constante recordatorio de los valores y virtudes de sus predecesores y un poderoso vínculo con sus ancestros que le guía por el buen camino. A lo largo de su historia los Caballeros han pasado de ser máquinas de construcción a defensores coloniales, hasta formar familias enteras dedicadas a la salvaguarda de sus hogares.

Este legado como protectores de la Humanidad hizo de los Caballeros verdaderos símbolos de abnegación y determinación antes incluso de la aparición del Emperador y del inicio de su Gran Cruzada. Como defensores inamovibles de la causa humana, las Casas de Caballeros han mantenido sus tradiciones y traspasando sus deberes y a la siguiente generación junto con sus armaduras y sus enseñanzas, pero no todos han seguido el camino recto durante todo este tiempo.

NobleA veces sucede que la ambición de un Caballero es tan grande que trasciende los límites morales impuestos por su adoctrinamiento y la sutil influencia de su Trono Mechanicum. A pesar de todos los esfuerzos en contra, es difícil para la mente humana autolimitarse mientras esgrime el poder de un dios en el campo de batalla. Muchas familias nobiliarias han caído presa de la avaricia o de enemistades y rencores arrastrados durante siglos contra los que deberían ser sus aliados. Otros sencillamente terminan enloquecidos tras una larga vida de guerra, o son víctimas de artes corruptas que emponzoñan su mente a través de Tronos Mechanicum, poseídos o manipulados incluso a través de sus formidables defensas, y algunos llegan al extremo de considerarse meramente superiores y ofrecer sus servicios sólo a aquellos que puedan ayudarles a consolidar y ampliar sus propios imperios particulares. Estos Caballeros conforman una grave amenaza contra el Imperio de la Humanidad y contra todo lo que las Casas de Caballeros representan.

Durante la Herejía de Horus la mayoría de las Casas Nobles permanecieron leales al Emperador, pues sus sentimientos de lealtad eran tan firmes como sus armaduras, pero otras cayeron en la más amarga de las desgracias. Como Señor de la Guerra, el primarca Horus ostentaba el mando de una vasta sección de las fuerzas armadas del Imperio y el gobierno de un sinfín de mundos. Aclamado como la mano derecha del Emperador, cuando reveló su renuncia al liderazgo de su padre y su alianza con los Dioses del Caos fueron muchos los que confiaron en su buen juicio como siempre habían hecho, y muchos más habían luchado junto a sus tropas y realizado votos de obediencia eterna a su persona. Aquellas Casas de Caballeros que le habían jurado obediencia a la causa de Horus se encontraron con que ésta ya no era la causa del Imperio.

Renegado Letania Destruccion

No sólo estaban volviéndose contra el Emperador, sino que pretendían destronarle y reforjar el mismo universo. Todo aquello que habían defendido antes siquiera de la llegada del señor de la humanidad y sus primarcas, la memoria de sus ancestros que protegieron las primeras colonizaciones, las nobles estirpes que surgieron de ellos para repeler las amenazas, las tradiciones de honor y deber desinteresados, el adoctrinamiento para enfrentarse al ritual de la conversión y hacerse merecedores de una armadura de Caballero; todo ello dejaba de tener significado, pues Horus les ordenaba destruirlo todo. Los fantasmas sus Tronos Mechanicum, habitualmente susurrantes, gritaban de agonía y vergüenza porque sus descendientes daban la espalda a sus valores. Sus votos presentes les obligaban a obedecer a aquel al que habían jurado seguir, mientras que sus tradiciones ancestrales les exhortaban a proteger a la Humanidad. Con dos fuerzas tan poderosas tirando de sus mentes en dos direcciones opuestas, Casas enteras no pudieron soportarlo, cayeron en una espiral de demencia y remordimiento y su percepción de la realidad, el honor y el deber se desfiguró. Habían sido enseñados a ser ejemplos de rectitud, ergo sus actos eran rectos por definición, ergo su vasallaje a Horus era correcto y todos a los que él señalara como enemigos merecían sufrir su cólera.

Los Caballeros del Caos han caído en desgracia y han quebrantado sus votos de lealtad y protección para con la Humanidad. Los que fueran sus más fervientes y poderosos defensores se han convertido ahora en sus peores enemigos. A menudo eliminarán el escudo de armas de su Casa o su emblema de Desarraigado y los sustituirán por algo que manifieste su repulsa por la Humanidad o su adhesión a su nueva causa. Los lamentos y las directrices en contra de su comportamiento que resuenan en su Trono Mechanicum torturan constantemente sus maltrechas mentes y les sumen cada vez más en la locura hasta que no queda nada que recuperar de las figuras inspiradoras que fueron.

Renegado

No obstante, no todos los Caballeros del Caos deben su condición a la Herejía, sino que muchos nobles y casas han renegado de sus lealtades por muchos y variados motivos. Puede que los horrores de la guerra hayan sido demasiado para ellos o que se hayan sentido traicionados por el Imperio del Hombre, o que hayan caído víctimas de las manipulaciones del Mechanicum Oscuro. Este siniestro cuerpo está formado por aquellos elementos del tecnosacerdocio de Marte que rechazan servir al Imperio y viven dedicados a sus propios experimentos de tecnobrujería y al diseño de ingenios demoníacos. Del mismo modo que aquellas Casas Nobles que juraron lealtad a Horus, algunas de las que se aliaron con el Adeptus Mechanicus corrieron la nefasta suerte de caer en manos de tecnosacerdotes y sacristanes secretamente leales a los Dioses del Caos y que conformarían el Mechanicum Oscuro.

El Trono Mechanicum es el corazón de un Caballero, su mayor fortaleza y a la vez una de sus mayores debilidades, y por ello es a menudo el centro desde el cual la corrupción se expande no sólo a la mente del noble, sino a la estructura física de la armadura. Un Trono Mechanicum saboteado puede inducir la locura a su ocupante tanto como el alma mancillada de éste puede corromper al primero. Ha habido incluso casos en los que los Yelmos Mechanicum de los escoltas de un Caballero han transmitido códigos tecnoinfecciosos y señales disformes para contaminar a su señor. Muchas de las armaduras caídas en garras del Caos sufren mutaciones horripilantes; el metal se retuerce y adopta formas terroríficas pervirtiendo su magnífica imagen y tornándola en la de un monstruo de pesadilla, y lo mismo ocurre en su interior. Su Trono Mechanicum se pervierte y transforma de modos inimaginables. Ya no es el lugar de comunión entre hombre, máquina y espíritu sino un instrumento terrible a través del cual el piloto impone su voluntad al espíritu máquina de la armadura, que ahora muestra más similitudes con el de una bestia salvaje. En casos extremos el noble ya nunca más puede abandonar la cabina, metal y carne fusionados por influjo de la disformidad hasta que muera, en cuyo caso su cuerpo es fagocitado por su propia montura o debe ser arrancado de ésta para que un nuevo ocupante pruebe su suerte a las riendas, mientras que su espíritu permanece en ella para unirse al miserable coro de antecesores y gritar su rabia y frustración al nuevo huésped.

Los Caballeros del Caos son aliados de los adoradores de los Dioses Oscuros tan a menudo como se erigen en sus amos. Ni siquiera los Astartes Heréticos pueden negar la superioridad de un Noble Caído y aquellos que intentan rivalizar con su poder destructivo tienden a descubrir por las malas su error. Sólo los más grandes Señores del Caos pueden ganarse la lealtad y el dudoso respeto de estos guerreros si demuestran su genio, o si ello sirve a sus intereses. Al igual que los Caballeros Imperiales son atendidos por sus órdenes de Sacristanes, estos renegados mantienen a su alrededor a cábalas de técnicos llamados Idólatras. Ni siquiera a estos individuos tan esenciales se les concede el favor de su amo a la ligera y a menudo compiten entre sí por ganarse el privilegio de reparar su armadura, pero los Caballeros deben tener cuidado de no incurrir en la ira de aquellos que atienden a sus monturas, pues nunca se sabe qué extraños vínculos han llegado a establecer estos adoradores de las máquinas infernales.

En el juego

Los Caballeros del Caos son similares a sus homólogos Imperiales, aunque pilotados por Nobles Caídos, poseídos por entidades demoníacas o mancillados de formas aún más horribles poniendo todo su poder al servicio de los Poderes de la Ruina. Además, dado que no siguen los preceptos de las Casas de Caballeros, estos renegados pueden cometer blasfemias como equipar a sus armaduras con prácticamente cualquier combinación de armas disponible, así como organizar a sus escoltas mezclando modelos, pero siempre con un siniestro propósito común.

Además disponen de su propio arsenal de Estratagemas, argucias y pactos demoníacos con los que potenciar sus habilidades, sustituyendo sus tradiciones marciales y veneradas reliquias por el poder en estado puro de la disformidad.

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