Casas de Caballeros del Caos – Infernales

Ligados para toda la eternidad por sus pactos con el siniestro Mechanicum Oscuro, las Casas Infernales hacen honor a su nombre, pues buscan activamente potenciar sus armaduras por medio de la disformidad. Sus Tronos Mechanicum son sometidos a terribles experimentos de tecnosimbiosis y hechicería blasfema, los espectros de sus antecesores sumidos en la locura, devorados o sustituidos por entidades demoníacas y el corazón de plasma de sus reactores imbuido del fuego del mismo averno.

Todo atisbo de reverencia al Omnisías ha desparecido de estos adoradores de la disformidad. Los Caballeros Infernales gustan de forzar sus capacidades al máximo, de sentir la sangre del propio Inmaterium bullendo por sus sistemas internos y alzándoles por encima incluso de otros Caballeros caídos. Esto se cobra un precio, pues ni siquiera sus armaduras transfiguradas por magia herética pueden resistir tales sobrecargas de energía, pero gracias a esta tecnología mancillada pueden acelerar sus servos a una velocidad demencial, reforzar sus blindajes para resistir incluso el fuego de cañones láser o conferir a sus armas de disparo una capacidad destructiva con la que ningún Caballero de su clase ha soñado jamás.

Sus pactos les han conferido facultades más aterradoras aún. Sus monturas pueden regenerar sus sistemas dañados consumiendo las almas de aquellos a los que masacran o volver a levantarse tras ser abatidos para continuar con la lucha. Además, son receptáculo de tal cantidad de energía disforme que los psíquicos enemigos corren un grave riesgo si intentan manifestar sus poderes cerca de ellos.

Infernales

VEXTRIX
“El Deber Es Eterno”
Escudo de Armas: cráneo de sable en engranaje de argén sobre espada de sable

El destino de esta Casa ha estado ligado al de la Legio Mortis desde el redescubrimiento de su mundo natal en los confines más alejados del Segmentum Obscurus. los Caballeros de Daxos Gemini mostraron una excelente sintonía con los adeptos del Dios Maquina y pronto se convirtieron en sus fervientes defensores, marchando a la batalla junto a la afamada formación de titanes contra todo aquel que se les opusiera, llegando incluso a servir como custodios del mismo Fabricante General de Marte. Cada línea de sangre de esta Casa mantiene un riguroso registro de sus ancestros, hasta el punto de que el nombre de cada uno de sus Caballeros incluye el número que ocupa en su linaje.

Cuando la Legio Mortis se rebeló para convertirse en los temidos Cabezas de la Muerte, los Vextrix no dudaron en seguirles a su maldito destino. En la masacre de Beta-Garmon, los titanes leales intentaron reducir a sus traidores hermanos resultando en la pérdida de docenas de estos dioses de la guerra y en la diezma de las filas de los Vextrix, que juraron venganza eterna contra el Imperio y contra todo aquel lo bastante ciego como para seguir sirviendo a su Omnisías.

Desde entonces los Vextrix han estado a la caza de cualquier rastro de arqueotecnología e incluso de tecnología alienígena, practicando todo aquello que el culto al Dios Máquina prohíbe tanto para mejorarse a sí mismos y mantenerse dignos de su deber como aliados de los Cabezas de la Muerte como para demostrar su desprecio por sus antiguas creencias.

En su esfuerzo de mantenerse dignos de la sombra de sus titánicos aliados, los Vextrix practican sin cesar en todas las formas de combate, lo cual les hace más precisos y más letales a todas las distancias.


KHOMENTIS
“Aquellos Sin Honor Son Nuestra Presa”
Escudo de Armas: círculo de argén y sable en engranaje de sable sobre fauces de bestia astada de sable y argén.

Los orígenes de esta Casa se remontan al mundo desértico de Matarakh, cerca del límite entre el Segmentum Ultima y el Segmentum Obscurus, donde formaban una sociedad prácticamente tribal. Los Nobles aspirantes a pasar el ritual de la Conversión eran enviados, solos y desarmados a sus vastos mares de dunas con la misión de capturar y domar alguna de las numerosas formas de vida depredadoras que los habitaban. Sólo regresando en compañía de una de estas bestias, eran aceptados e iniciados en los rituales que harían de ellos Caballeros Imperiales, y dependiendo de la clase de bestia que hubieran adoptado estarían destinados a ocupar una clase de armadura específica.

Cuando la Gran Cruzada llegó, su mundo sufrió una drástica transformación bajo el amparo del Adeptus Mechanicus. Las minas y fábricas de procesamiento se extendieron para obtener las riquezas minerales que yacían bajo sus arenas, la fauna pronto se redujo hasta la extinción y los Khomentis abandonaron sus ancestrales ritos en favor de aquellos que les habían devuelto los conocimientos para mantener y reparar sus monturas, convertidos en devotos servidores del Dios maquina y del Imperio y manteníendose leales incluso durante la herejía de Horus.

Fue tres milenios después, en M33, cuando Matarakh cayó bajo el peso de una invasión demoníaca. No se conservan registros de lo ocurrido, pero las dimensiones del ataque y de los tormentos padecidos debieron ser inimaginables para que una Casa tan resoluta fuera contaminada y conducida por el camino del Caos. Se sospecha que los Dioses Oscuros podrían haber corrompido a los Khomentis prometiéndoles el regreso a sus tradiciones. Todo aquel que ansía encerrarse en el caparazón torturado de un Caballero es enviado a una cacería al modo de sus antepasados pero, en lugar de someter a una bestia, estos individuos deben someter a un demonio a su voluntad y regresar a su familia albergando en su interior a las criaturas disformes que habrán de intermediar entre ellos y los espíritus máquina de sus monturas corruptas. Esta clase de posesión se cobra un precio terrible, pues muchos de estos Nobles Caídos pierden el precario control que ejercen sobre los demonios y son absorbidos a través de grietas hacia la disformidad que se abren en sus propios Tronos Mechanicum, provocando fisuras a su alrededor a través de las cuales otros demonios son liberados para que nuevos aspirantes puedan cazarlos y ganarse el derecho a ocupar la armadura vacía en un espeluznante ciclo.

Los Khomentis viven en una constante y malsana comunión con los demonios cuya posesión han aceptado. Si la integridad de sus monturas flaquea, los demonios toman el control de sus sistemas y los refuerzan con sus impías energías haciéndoles entrar en un estado de frenesí combativo que aumenta su efectividad en cuerpo a cuerpo. Además, esta simbiosis les hace resistentes a los intentos psíquicos de causarles daños.

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