Zona de Guerra Charadon – Acto I: el Libro de la Herrumbre

“No consintáis errores en vuestra cogitación, hermanos.

Hecho absoluto: las emisiones de energía cripto-espectral dañina que extienden la impía discordia por el reino del Omnisías afectan a unidades biológicas de todo orden de la divina creación.


Aclaración: aquellas unidades biológicas que erróneamente confían su optimización espiritual al líder divino, designación Emperador, también son susceptibles pese a convicciones erróneas de lo contrario.


Conclusión: la proliferación de fenómenos negativos acabará con el cese y purificación de todas las unidades biológicas. La pureza reside únicamente en la máquina.”

– Fabricador General Heptus Khleng.
Mundo-forja Metálica.

Con estas ominosas palabras, el Fabricador General de Metálica intentó poner fin a las primeras señales de corrupción en el sistema Charadon. Fiel a las convicciones de su mundo natal, cuya vida indígena fue erradicada hace milenios para que no supusiera un estorbo en la eficiencia y pureza de las actividades de los adeptos al Dios Máquina, Khleng consideró que el genocidio de los mundos afectados por brotes de enfermedades contagiosas, alzamientos de muertos vivientes y cultos psíquicos que siguieron a la apertura de la Cicatrix Maledictum era un pago aceptable para preservar la seguridad de su sistema.

Charadon tenía ya su propia selección de peligros. En el recuerdo de todos estaba aún el Kaudillo Orko cuyas depredaciones le hicieron ganarse el apodo de Archipirómano de Charadon y su salvaje raza seguía siendo aún una constante amenaza en el sector. Además, la misma Lelith Hesperax se había afincado en el mundo mausoleo de Descanso del Mártir, donde había instaurado su propio circo gladiatorial, lo que atraía a otras invasiones Drukhari que pretendían rivalizar con tan grandiosa obra en los territorios del Imperio de la Humanidad.

Por ello, desde los hangares de vacío secretos que orbitaban su Mundo-forja, envió tres desconocidas Arcas de Erradicación clase Quietus. Mediante el despliegue de macro-irradiadores, una sola de estas naves purificó el mundo de Don de San Espin, reduciendo a billones de civiles y zombis de plaga a cenizas. Del mismo modo fue exterminada una plaga de psíquicos en el hemisferio norte del planeta Borthreas y las mutaciones incontroladas en uno de los tres oubliocomplejos del mundo prisión de Desconsagrado.

Pese a la evidente eficiencia de este proceder para detener tales anomalías, se sucedieron más aún que le hicieron percatarse de que aquello era solo el principio. Algo mucho peor estaba a punto de llegar y todo aquello no eran sino esfuerzos por mermar la capacidad de Charadon para detenerlo. Sus esfuerzos le hicieron enviar a dos de sus ya temidas arcas al mundo cardenalicio de Aléxistor, donde una plaga de locura había vuelto a los peregrinos unos contra otros y cultos de brujas asediaban sus sagrados lugares. A Khleng poco le importaban los cultos más allá de su única y verdadera devoción al Dios Máquina, pero no estaba dispuesto a consentir el caos y las guerras intestinas tan cerca de sus dominios. Desplegar su purificación radiactiva sobre un mundo sagrado habría podido tener consecuencias desastrosas en las relaciones entre el Imperio y el Adeptus Mechanicus. Por suerte o por desgracia y corroborando los cálculos del Fabricador General, algo mucho peor llegó y le hizo aplazar sus planes de purificación por el momento.

“La galaxia arde.

A cada día que pasa la conflagración que he iniciado se extiende a lo largo y ancho. Toda una mitad del reino del Emperador-Cadáver languidece tras el velo. Ahogados, asfixiados, sus mundos se marchitan. Entre las brasas, sus ejércitos se retuercen y mueren como pergaminos arrojados a las llamas.


No es suficiente.


Los adoradores del cadáver aún me desafían. Los Dioses Oscuros aún susurran sus falsas promesas. Aún hay quienes me creen débil, un necio, un sumiso fracasado como mi predecesor y señor genético. Que parloteen. Sus gritos de burla se tornarán en chillidos mientras las llamas les consumen.


Aún hay trabajo que hacer.


Encuentra al Viajero y transmítele mis órdenes. Reunid entre los dos una fuerza que oscurezca las estrellas y con ella sumergid el Sector Charadon en la anarquía.


La galaxia arde. Avivemos el fuego.”

– Abaddon el Despojador

Con estas palabras, el Señor de la Guerra en persona envió a Akhorath Zeid de la Legión Negra a Charadon para acabar con uno de los más importantes centros de producción del Imperio. Al mando de su temible hueste de guerra, las Bestias Adamantinas, Zeid estaría más que contento de dejar que sus ingenios demoníacos y máquinas de guerra poseídas dejaran un reguero de destrucción a su paso por las factorías y complejos mineros de todo el sector, hasta darse un festín con su palpitante corazón: el propio Mundo-forja de Metálica.

Para ello reclutó al mismísimo Viajero en nombre de su amo, pues acataría sus órdenes como él mismo. Typhus, primer capitán de la Guardia de la Muerte, había tenido un reciente y decepcionante encuentro con Fabius Bilis que se había cobrado un alto precio en su orgullo. Ante la oportunidad de desmentir la supuesta santidad de las máquinas del Adeptus Mechanicus en uno de sus centros neurálgicos, este señor de la guerra por derecho propio estuvo más que contento de extender sus plagas y enfermedades por los sub-sistemas de Charadon antes de lanzar una gran ofensiva junto a Zeid.

Por supuesto, una invasión a gran escala no quedaría sin contestar por parte del Imperio. El Capítulo de Marines Espaciales Excruciadores, asentado en el planeta Mótulu, atrajo a varios aliados del Adeptus Astartes. Bajo el mando de su Señor del Capítulo, Dhane Tanielu, la fuerza combinada de Excruciadores y elementos de Ultramarines, Hijos de Medusa, Cicatrices Blancas, Marines Centelleantes, Dracos de Bronce y otros Capítulos serían poderosos aliados. Por supuesto, la Casa Raven no permanecería impasible ante el asedio a los sistemas que rodeaban su mundo, Kolossi, y también atrajo aliados de las Casas Terryn, Griffith, Atorian, Minotos y Taranis entre otras, así como a varios Desarraigados. Entre estos últimos destacaría la llamada Compañía Olvidada al mando de Halenna antes Terryn, la Caballero de la Estrella Sangrienta.

Así da comienzo la Guerra de la Herrumbre y el Cieno en su primer acto, el Libro de la Herrumbre. Un libro de campaña para Warhammer 40.000 que va mucho más allá de tan escueta descripción. Sus 96 páginas se dividen casi a partes iguales entre trasfondo y reglas de juego, siendo este artículo apenas una muestra ínfima de los inicios de dicho trasfondo. Además, el libro incluye diagramas planetarios, ilustraciones, fotografías y relatos cortos de excelente calidad que ayudan a situar los eventos en el amplio espectro de su universo.

Además de reglas de Campaña, misiones y todo lo necesario para jugar partidas que representen el conflicto de Charadon, el libro incluye reglas adicionales para el juego estándar de Warhammer 40.000 en forma de suplementos para algunos de sus elementos más representativos por el momento: las fuerzas del Mundo-forja Metálica del Adeptus Mechanicus, las huestes de infestación de Typhus y su Guardia de la Muerte, el Culto al Conflicto de los Drukhari y, en lo referente a los Caballeros Imperiales, la Casa Raven y los destacamentos de Caballeros Desarraigados.

En un próximo artículo desgranaremos en qué consisten las reglas para la Casa Raven y los Desarraigados, pues una de las novedades consiste en los llamados Ejércitos de Renombre, reglas especiales para organizar un ejército con una temática muy concreta que represente una fuerza de combate famosa del imaginario de Warhammer 40.000.

Este suplemento nos presenta tres de estas nuevas fuerzas de combate: las Cohortes de Defensa del Mechanicus, las Fuerzas de Asalto Terminus Est (la infame nave insignia de Typhus) y las Lanzas de Desarraigados.

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