Capucha Negra

Los caballeros desarraigados a menudo están acompañados por una leyenda personal. Ya sea por sus proezas en el campo de batalla o por los sufrimientos que han padecido, su aislamiento invita a la soldadesca del Astra Militarum y a los temerosos testigos civiles de su imponente presencia a erigir mitos en torno suyo y a glorificarlos como héroes salvadores. Pero pocos caballeros inspiran tanto miedo al enemigo como a aquellos a los que acude a proteger.

Se le ha llamado por muchos nombres, pues él nunca ha dado ninguno, pero desde su defensa del cementerio sagrado de Daivir V la mayoría de los que han oído hablar de él le conocen como el Enterrador. En muchas ocasiones acude a la batalla en solitario, pero han sido muchos los informes que le describen acompañado por un escolta clase Archa de Guerra cuya voz a menudo es la única que se comunica con cualquiera fuera de los miembros de la caballería Questor. Es a la vez guardaespaldas, soldado, portavoz y consejero del siniestro caballero clase Dominus pero nunca presenta formalmente ni a éste ni a sí mismo. El Enterrador prefiere adherirse a los sobrenombres con que el temor y el asombro de los habitantes del Imperio le han investido, mientras que su escolta siempre se refiere a él como “el barón”. Capucha Negra, como algunos llaman a este acompañante  por el esquema de colores que decora su montura, es su heraldo, y en no pocas ocasiones sus aliados han deseado que el Enterrador se presentara solo.

Capucha NegraCuando caminan por su propio pie ambos ofrecen un aspecto no menos atemorizante que su reputación. Altísimas figuras envueltas en túnicas azabache cuyas largas mangas y holgadas capuchas sólo dejan ver atisbos sombríos de guanteletes y máscaras doradas. Si hay que creer los rumores, proceden de un mundo-caballero cuya localización se desconoce, que puede que ni siquiera haya sido redescubierto aún, pero que debe de mantener algún contacto con el Imperio ya que ellos lo recorren como desarraigados. A aquellos que lo preguntan educadamente, Capucha Negra les responde que proceden de Nurabsal, donde se produce una rara aleación llamada oricalco a la que atribuyen místicas y maravillosas propiedades. Sea como sea, ese metal es muy valorado por los tecnosacerdotes de Marte, que ofrecerán gustosos cualquier suministro o reparación que soliciten a cambio de unos pocos lingotes. Todo el Enterrador está construido de ese material que reluce como el oro envejecido, mientras que su Archa de Guerra sólo lo posee en sus placas de blindaje y los dientes de su cuchilla-sierra. Al parecer, en su hogar, el rango de un caballero es directamente proporcional a la cantidad de oricalco de su armadura.

En combate, esta letal pareja ha demostrado ser completamente impredecible. Si bien se sabe casi con toda seguridad que ambos viajan en la nave personal del Enterrador, en unas ocasiones éste se despliega en solitario y en otras es sólo Capucha Negra quien acude a la batalla. Unas veces combaten unidos y otras se separan o incluso luchan en frentes distintos. El mayor es silencioso y analítico, prefiriendo evaluar la situación por su propia cuenta antes que participar en las reuniones de altos mandos o intervenir en los canales de voz y a menudo inicia acciones unilaterales esperando ser apoyado. El menor es impaciente y mordaz y no duda en criticar a los que han de ser sus aliados apremiándoles a la batalla. Si bien la mayoría de veces son seguidos sin replicar, ya sea porque su curso de acción es evaluado positivamente o sólo por miedo, en alguna ocasión oficiales imperiales se han negado a plegarse a unos deseos que tienen que adivinar o pedir que se les expliquen de formas corteses hasta el hartazgo .

Durante la batalla en las planicies selváticas de Quarovian, los cazadores de orkos de Armageddon se contentaron con mantenerse a distancia cuando un enjambre tiránido entró en combate con la horda pielverde a la que habían estado siguiendo a través de la densa vegetación. Capucha Negra simplemente abandonó las líneas imperiales y marchó hacia el conflicto rastreando el terreno para el Valeroso, que no tardó en marchar en pos de él. Lo que sigue es un extracto de las transmisiones entre la general Krevennan del 148º regimiento y el Archa de Guerra.
General Krevennan: ¿A dónde demonios creen que van? Los tiránidos nos están haciendo el trabajo. Si quieren un trofeo esperen a que se maten unos a otros y recogeremos sus cabezas como xigocalabazas.
Capucha Negra: Nada bueno nos aguarda cuando una de esas razas se imponga sobre la otra. El barón ordena encontrar el punto de conflicto más intenso. Doce clics rumbo cero-dos-seis por si les interesa.
GK: Ya, pues buena suerte, amigos. Sabrán dónde encontrarnos cuando se den cuenta de que incluso ustedes van a morder más de lo que pueden masticar.
CN: -Risas-. El barón dice que no se preocupe, que sabe dónde encontrar a los cobardes: siempre detrás de él.
Tras lo que los cazadores de orkos consideraron un insulto, la general Krevennan ordenó avanzar a sus tropas, pero no pudieron alcanzar al Enterrador antes de que éste llegara a la batalla. El caballero Dominus modelo Valeroso nunca dio un paso atrás, barriendo zonas enteras de maleza y enemigos con abrasadores torrentes de su cañón de conflagración y proyectando su escudo iónico para proteger a los guardias imperiales mientras situaban sus armas pesadas. Los orkos llegaron a vitorear la aparición del gigante no porque le creyeran un aliado, sino porque por fin había en aquella selva algo digno de saquear. Cuando la guardia hubo establecido sus posiciones, el Enterrador se movió hacia el flanco para rodear a los tiránidos, trazando un camino de fuego entre sus progenies por el que Capucha Negra se internó a fugaces zancadas para dar caza a sus criaturas sinápticas. La desbandada de aquellos xenos fue así dirigida directamente contra los orkos, que ahora también debían hacer frente a los humanos, y el resultado fue una carnicería de tales dimensiones y una victoria tan aplastante que Krevennan la anotaría en sus memorias con la frase: “cuando un dios te da la espalda y te llama cobarde, o te humillas y le das la razón o le desafías, le sigues a la batalla y descubres de lo que eres verdaderamente capaz, pues no hay más dios que el Emperador”.

Capucha NegraEn muchos otros lugares Capucha Negra ha hecho gala del mismo ingenio ácido y de una irritante capacidad para atacar al orgullo de sus aliados y empujarles a actuar. En Rodunar Phi-Alfa, su atrevimiento estuvo a punto de provocar un conflicto con el capitán Ésiron de los Garras de Bronce. Casi la mitad de los distritos de aquella ciudad-colmena habían sido tomados por una sublevación de ingenieros y mineros promovida por agentes de los Portadores de la Palabra. Sólo los distritos centrales permanecían fieles al Emperador, protegidos por las fuerzas del Adeptus Arbites locales y los feligreses de una misión de la Eclesiarquía. Capucha Negra comunicó al capitán la impaciencia de su señor porque elucubrara su plan de ataque y le insinuó que lo comprendería si la tarea sobrepasaba sus capacidades, pero le advirtió de que el Valeroso partiría hacia las defensas occidentales de la ciudad a la mañana siguiente, indicándole incluso su vector de aproximación. El altivo Ésiron les desautorizó, pero sabía que poco podría hacer para evitarlo salvo ordenar a sus propios hermanos que se enfrentaran a ellos, de modo que empezó a trazar planes alrededor de aquel vector. Los caballeros eran dueños de sus acciones y sus armaduras, pero él no consentiría que su tozudez les llevara a desperdiciar un recurso tan valioso como el que suponían. En el momento del ataque resultó que aquella zona estaba en un punto ciego para las defensas de la ciudad, pues los búnkeres y torretas que debían custodiarla habían sido destruidos durante las revueltas. Aún en mitad del combate, Ésiron reprochó a los caballeros que los Garras de Bronce habrían descubierto por sí mismos aquel punto débil en las defensas enemigas igualmente. Capucha Negra le respondió que “el barón no sabía que esa zona fuera especialmente vulnerable, simplemente no tuvo miedo de avanzar”. Se desconoce si los caballeros eran conscientes de la clase de insulto que tales palabras suponían a los Marines Espaciales, pero Ésiron pudo tomar la ciudad con éxito gracias a sus acciones conjuntas y ello le bastó.

La jocosidad de su vasallo contrasta con el silencio del Enterrador y con el hecho de que no hable con nadie que no sea otro Caballero Imperial salvo que lo considere estrictamente necesario. Se les ha visto reunidos con miembros del Adeptus Mechanicus, con los que parecen capaces de entenderse, lo cual ha propagado rumores de que en realidad sean miembros del Questor Mechanicus que buscan redimirse o una especie de embajadores del misterioso mundo del que el Enterrador dice proceder. Algunos han llegado a insinuar que, dado que el escolta es quien tiende a llevar la voz cantante, los papeles de señor y sirviente que se les presuponen podrían no ser lo que aparentan, entre otras teorías más estrafalarias inspiradas por hechos como que nunca se les ha visto juntos fuera de sus armaduras.

Sea como sea, la llegada de cualquiera de ellos al escenario de la guerra siempre impulsa a las fuerzas del Imperio a actos más allá de lo que normalmente se atreverían a acometer. Aquellos con valor para dar un paso al frente siempre han podido contar con que les tendrán a su lado. El Enterrador y Capucha Negra suelen permanecer en campo de batalla tras la misma, deambulando entre los cadáveres y restos como si rindieran un silencioso tributo a los caídos.

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